Lesiones deportivas

December 16, 2015

Dentro de la gran variedad de imprevistos e infortunios que se pueden producir en la práctica de cualquier actividad física, encontramos los siguientes tipos de lesiones deportivas:

  • Las que se producen durante la práctica del deporte, son las llamadas “accidentales” o agudas:

    • Auto lesión o auto traumatismo.

    • Por contacto, bien con otro deportista, con instrumentos o útiles deportivos, o con las instalaciones.

  • Lesiones debidas al deporte: las llamadas “típicas” o crónicas.

    • Lesiones por sobrecarga, aquellas que inciden sobre el aparato locomotor con una intensidad de leve a moderada, actuando de forma repetitiva y acumulativa.

    • Lesiones musculares: dentro de ellas están las provocadas por factores externos (contusiones *1 y heridas) y las producidas por factores internos (distensiones *2, desgarros, tirones o roturas musculares).

    • Lesiones en los tendones: suelen producirse bien por el uso de material o calzado inadecuado o por culpa de un terreno irregular o demasiado duro para practicar ejercicio (tendinitis *3) o bien como consecuencia de una contusión (tendosinovitis).

    • Lesiones de ligamentos: un mal movimiento o incluso un golpe pueden provocar un esguince *4una distensión *5 o una rotura de los ligamentos del tobillo, de la rodilla *6, etcétera. Hay distintos grados que marcan la gravedad de la lesión y el periodo de recuperación.

    • Lesiones de huesos: un fuerte traumatismo puede causar una fractura del hueso *7 de mayor o menor grado (fisuras) cuyo periodo de curación suele ser más extenso que el

       resto de lesiones. Además de las fracturas pueden darse otros problemas en los huesos, como un crecimiento desigual, un desgaste del hueso o una periostitis *8 o inflamación del periostio (membrana que recubre al hueso).

    •  Lesiones en las articulaciones: frecuentes en los deportes de pelota (baloncesto, fútbol…), podemos hablar de traumatismos articulares, luxaciones... por lo general son dolorosas y suelen acompañarse de otros problemas, fundamentalmente derrames.

 

 

1- Contusiones

Se origina una contusión cuando se produce un golpe, caída o cualquier impacto sobre la piel, pero sin llegar a romper su continuidad ni ocasionar heridas abiertas. Sin embargo, nunca hay que subestimar la gravedad de una contusión; aunque no haya sangre, un golpe de intensidad moderada podría ocasionar daños en músculos, tendones, e incluso órganos internos, y puede dar lugar a fuertes hemorragias internas.

Las contusiones son motivo de primeros auxilios, ya que en cualquier tipo de accidente suelen ser la lesión más común. Cualquier persona puede proporcionar los primeros auxilios en caso de contusión, por lo que es necesario que todos conozcan los procedimientos a seguir para minimizar los riesgos.

Contusiones en niños y deportistas

Este tipo de lesión es muy normal e incluso necesaria durante la infancia y el crecimiento. Los niños pequeños que están comenzando a moverse por ellos mismos todavía no tienen el control y equilibrio suficientes, por lo que se caerán y se darán golpes. Decimos que son necesarias por que debido a esto los niños se esforzarán por no caerse y aprenderán a mantener el equilibrio.

Los deportistas son otro grupo en el que predominan las contusiones, sobre todo en deportes de contacto donde los jugadores pueden efectuar movimientos que golpeen al rival, o aquellos en los que se ponga una pelota en movimiento que también pueda golpear al deportista. Por ejemplo, en el baloncesto y el balonmano es muy común la contusión en el dedo que se produce cuando el jugador no recibe el balón correctamente y éste golpea el dedo bruscamente. El dedo se hincha y se pone de un tono morado, es muy doloroso al tacto y al movimiento y se nota una sensación de calor. Si la contusión es muy fuerte se puede inmovilizar el dedo con una férula. Este tipo de contusiones se trata con contraste de calor y frío.

Contusiones más comunes

Algunas de las zonas del cuerpo son más propensas a sufrir contusiones:

Cabeza: los golpes en la cabeza son bastante comunes en los niños por varios motivos. El primero es que en comparación con los adultos, los niños de 0 a 4 años tienen la cabeza más grande en proporción con el cuerpo, por lo que les es más difícil estabilizarse. Y en segundo lugar, la mayoría del mobiliario de las casas suele estar a esa altura, dando lugar a pequeñas colisiones. Aunque un golpe en la cabeza es muy llamativo y no se debe subestimar, la mayoría de las veces la contusión deja un chichón que es doloroso al tacto, pero que desaparece al cabo de cuatro o cinco días. 

Rodillas: las rodillas, al ser articulaciones prominentes y poco protegidas, son vulnerables, puesto que en una caída hacia delante son el punto de apoyo y reciben el impacto. Estas lesiones son más molestas, ya que las rodillas se usan para todos los movimientos de desplazamiento.

Manos: en una caída frontal el primer acto reflejo es apoyar las manos para proteger la cara del golpe. Las articulaciones de la muñeca, el codo y el hombro actúan como amortiguadores y absorben el impacto, pero el contacto con el suelo lo hacen las manos. No suelen ser contusiones importantes porque la piel de las palmas es más dura y resistente, ya que están preparadas para resistir golpes de este tipo.

 

2- Distensiones musculares

Una distensión muscular es el desgarro parcial o completo de fibras musculares, que se rompen, en mayor o menor cantidad, dependiendo de la violencia del gesto causante de la lesión. El desgarro puede ser tan ínfimo que sólo pueda ser observado y diagnosticado a través de microscopio o ecografía, o puede ser tan grave que provoque un sangrado interno por rotura masiva de fibras musculares.

En el momento de producirse la lesión, las fibras musculares afectadas se retraen formando una brecha entre los extremos rotos. En ocasiones, además de verse afectadas estas fibras, también pueden verse implicadas las estructuras circundantes como el tejido conjuntivo (tendones) o los vasos sanguíneos. La afectación de los vasos sanguíneos evidencia la existencia de un hematoma en la zona afectada.

¿Cómo se produce una distensión muscular?

Los desgarros o distensiones musculares se deben a una sobrecarga dinámica; siendo la causa más típica una contracción violenta con estiramiento excesivo simultáneo. Es decir, se conjugan dos tensiones enfrentadas. Por un lado la extensión muscular, es decir, la tensión excéntrica, y por otro la contracción muscular, o tensión concéntrica.

Estas lesiones suelen aparecer con frecuencia en deportes con movimiento o acciones explosivas (fútbol, atletismo de velocidad…). Un cambio de ritmo brusco en la carrera, un golpeo al balón, una batida de salto, son movimientos en los que el músculo puede verse afectado con esta lesión.

 

3- Tendinitis

 

La tendinitis es la inflamación (con irritación e hinchazón) del tendón, que es la estructura que une el músculo con el hueso.

La tendinitis es una enfermedad crónica y recidivante. Esto provoca la degeneración del tendón, por ello actualmente el término tendinitis se está reemplazando por tendinopatías.

Este tipo de afecciones se han ido incrementando en los últimos tiempos debido al aumento de la práctica de actividades recreativas de carácter deportivo.

Causas de la tendinitis

Generalmente ocurre en adultos jóvenes por un esfuerzo repetitivo o sobrecarga de una zona del cuerpo. Esto provoca que algunos músculos trabajen más que otros, debilitando la zona de los tendones. Por este motivo, las tendinitis se consideran como enfermedades por sobrecarga, y son especialmente frecuentes dentro de la patología laboral y deportiva.

En adultos mayores la tendinitis ocurre debido al envejecimiento de los tejidos, y en estos casos puede haber degeneración del tendón.  

Puede verse afectado cualquier tendón, aunque la tendinitis se observa con mayor frecuencia en la parte superior del cuerpo:

  • Tendinitis del hombro.

  • Tendinitis del codo.

  • Tendinitis de la mano y muñeca.

De la cintura hacia abajo, es habitual la tendinitis del talón o tendinitis aquílea.

 

Tipos de tendinitis

Según la zona afectada tenemos varios tipos de tendinitis:

Tendinitis del hombro

Es unas de las quejas de dolor muscular más frecuente en adultos a partir de los 40 años. Se produce por envejecimiento de los tejidos, y es un tipo de tendinitis degenerativa, con debilitación del tendón y posibilidad de lesionarse.

Además, este tipo de tendinitis también ocurre en personas que practican béisbol, tenis, escalada, natación, o que trabajan en áreas que obligan a levantar el brazo. El dolor se siente adelante y se agrava al levantar el brazo sobre la cabeza, con el codo flexionado y sin movimiento del hombro. El dolor también aparece a la palpación y no existen signos radiográficos.

En las personas adultas suele producirse tendinitis del hombro por calcificación (depósitos en el tendón de cristales de calcio) en el 3% de los casos. En estos pacientes puede haber ausencia de dolor.

Tendinitis del codo

Al igual que en el hombro, los tendones del codo pueden inflamarse y degenerar. Generalmente es causada por traumatismos locales y la actividad excesiva, que se producen antes de la degeneración por envejecimiento de los tejidos.

El ejemplo mas clásico de la tendinitis del codo es el “codo del tenista” (epicondilitis), aunque esta afección no está en absoluto limitada a las personas que practican este deporte, sino que es una secuela de un traumatismo local, o de cualquier actividad repetitiva que utilice los músculos del antebrazo.

La mayoría de los pacientes se lesionan cuando realizan esfuerzos tales como ciertas labores de jardinería, llevar maletas o portafolios, y usar dispositivos como un destornillador. Se caracteriza por dolor en el lateral del codo que se irradia al antebrazo. El dolor aumenta con la actividad de los músculos del brazo, como la flexión de la muñeca, tanto para coger un objeto como al ofrecer resistencia.

Otro ejemplo es el “codo del golfista”; es comparable con la lesión descrita anteriormente aunque afecta a otra parte del codo. Sus síntomas y signos son similares.

Una lesión no tan frecuente como las anteriores, bastante específica de escaladores, es la conocida como “codo del escalador”; aparece dolor profundo en la cara anterior del codo (en la parte interna del brazo), difícil de palpar. Corresponde a la inserción del músculo braquial.

Tendinitis de la mano y muñeca

Generalmente ocurre por sobrecarga de trabajo de las manos, por ejemplo forzando la postura de las mismas al mecanografiar, coger objetos, estrujar ropa, con el uso continuo del ratón del ordenador, el uso de la micro-pipeta en el caso de los investigdores, etcétera. Dependiendo del tipo de trabajo afecta a un tendón u otro, tanto de la muñeca, como de los dedos de la mano. Un trastorno común es la tendinitis del dedo pulgar; el resultado es dolor en la zona de la muñeca, que se irradia al antebrazo y al pulgar. Aumenta a medida que pasan los días, empeorando por la noche. El movimiento de la mano se bloquea, de manera que el dolor no permite realizar ni el tipo de trabajo que provocó la tendinitis, ni cualquier otro movimiento de la mano, con el agravante de la pérdida de fuerza.

En el deporte de escalada, se produce frecuentemente tendinitis de los flexores de los dedos de la mano, que puede afectar a uno o varios dedos. Existe dolor en la cara palmar de los dedos, que se puede extender hasta un poco por encima de la muñeca. El movimiento de cerrar la mano resulta doloroso, pero lo es más todavía la apertura de la mano.

Tendinitis del talón

El tendón de Aquiles conecta los dos músculos de la pantorrilla al talón. La tendinitis puede desarrollarse por sobrecarga en personas jóvenes (atletas, corredores o caminantes y los que practican baloncesto). En personas adultas o ancianos este tipo de tendinitis es causada por la artritis. El dolor se siente al caminar y al ponerse de puntillas. Es muy importante la inmovilización del talón en este tipo de tendinitis, por la alta probabilidad de ruptura del mismo, debido a la presión que soporta el tendón.

 

Diagnóstico de una tendinitis

El elemento común en todos los casos de tendinitis es el dolor localizado en la zona del tendón. Aunque el dolor también se puede irradiar a otras zonas, como ocurre en el caso de la tendinitis de la muñeca, en que el dolor puede extenderse hasta el codo; y en la tendinitis del codo, en la que el paciente refiere dolor hasta la zona cervical.

El dolor comienza suave, sin afectar el movimiento de los músculos de la zona. A medida que pasan los días, este dolor se incrementa paulatinamente, irradiándose a otras zonas, e inmovilizando parcialmente el movimiento muscular, debido a que cualquier leve movimiento provoca tanto dolor que se pierde fuerza. El dolor empeora por la noche. La piel que cubre la zona del tendón se puede sentir caliente y enrojecida.

La característica general que nos permite diagnosticar la tendinitis es que el dolor remite después de un tiempo, para reaparecer en cualquier momento, independientemente de que se haya realizado un esfuerzo o no.

Para confirmar este diagnóstico el médico o especialista comprobará la existencia de dolor o sensibilidad especial cuando se fuerza el músculo al que está unido el tendón que se crea afectado. La hinchazón en la piel y la sensación de calor también orientan el diagnóstico.

En este caso, las pruebas de imagen radiológicas solo servirían para descartar otros posibles problemas.

 

Tratamiento de una tendinitis

El objetivo del tratamiento de la tendinitis es principalmente aliviar el dolor y, al mismo tiempo, reducir la inflamación. Se utilizan antiinflamatorios no esteroideos (ácido acetilsalicílico, ibuprofeno, aceclofenaco, diclofenaco, entre otros), tanto por vía oral como tópica; en el último caso en forma de crema o gel para frotar sobre la superficie lesionada.

También se debe intentar reducir al máximo la movilidad de la zona afectada, utilizando una férula o un dispositivo ortopédico removible. La aplicación de calor o frío en el área afectada también alivia el dolor.

En los casos en los que el dolor no remite, se recurre a una inyección de glucocorticoides en la vaina del tendón afectado que comúnmente se denomina infiltración. Diversos estudios señalan que la terapia convencional no invasiva de estimulación eléctrica transcutánea del nervio (TENS), obtiene mejores resultados que la inyección de glucocorticoides.

Una vez que pase el dolor, es necesario que el paciente con tendinitis realice fisioterapia de estiramiento y fortalecimiento del músculo y el tendón, para mejorar la cicatrización y prevenir lesiones futuras.

En ocasiones se recurre a la cirugía para limpiar el área afectada y disminuir la inflamación. En casos crónicos, la eliminación de la sección del tendón afectada con cirugía da buenos resultados.

 

Prevención de tendinitis

Si se quiere esquivar la tendinitis hay que evitar los movimientos repetitivos y la sobrecarga de brazos y piernas. También es aconsejable mantener los músculos fuertes y flexibles. Para ello, hay que ejercitar las extremidades superiores e inferiores, sin repetir excesivamente un mismo movimiento. Por tanto, para prevenir la tendinitis se recomienda alternar diversos tipos de movimientos, con pequeños intervalos de recuperación. La aparición de molestias es un indicador de que debe reducirse el ritmo del entrenamiento.

Conviene recordar que la musculatura puede ejercitarse en un plazo breve, de pocos meses, pero otras estructuras como los tendones y las articulaciones tienen un proceso de adaptación muy lento. Poseer la fuerza suficiente que permita realizar determinados movimientos no quiere decir que puedan ejecutarse sin riesgo de lesiones. Cuando se ha permanecido inactivo durante una temporada, debe prestarse todavía más atención a seguir una adecuada progresión en el ejercicio con el fin de evitar la aparición de nuevos episodios de tendinitis.

Si mientras realizamos un determinado ejercicio o una sesión de entrenamiento sentimos dolor en la zona lo mejor es parar y guardar reposo con el fin de evitar que el problema se cronifique.

También te recomendamos que mantegas una buena hidratación, ya que siempre ayuda a mantener una mejor vascularización de la zona.

 

4- Esguinces

Podemos definir el esguince como el desplazamiento momentáneo de las superficies articulares. A grandes rasgos, es una luxación que, sin llegar a perder la congruencia de las caras articulares, sí presenta un mínimo desplazamiento de la unión articular durante un breve espacio de tiempo, retornando inmediatamente a su posición original.

Durante esta fracción de segundo, en la que el arco de movilidad articular se ve superado más allá de los límites de su rango, los ligamentos y estructuras de fijación de la articulación sufren un sobreesfuerzo que se traduce en distensión, rotura e incluso arrancamiento.

Por su parte, el sistema vascular y el tejido conectivo también se verán afectados, en mayor o menor medida, dando como resultado posibles derrames internos y edemas, respectivamente.

 

5- Distensiones musculares

Una distensión muscular es el desgarro parcial o completo de fibras musculares, que se rompen, en mayor o menor cantidad, dependiendo de la violencia del gesto causante de la lesión. El desgarro puede ser tan ínfimo que sólo pueda ser observado y diagnosticado a través de microscopio o ecografía, o puede ser tan grave que provoque un sangrado interno por rotura masiva de fibras musculares.

En el momento de producirse la lesión, las fibras musculares afectadas se retraen formando una brecha entre los extremos rotos. En ocasiones, además de verse afectadas estas fibras, también pueden verse implicadas las estructuras circundantes como el tejido conjuntivo (tendones) o los vasos sanguíneos. La afectación de los vasos sanguíneos evidencia la existencia de un hematoma en la zona afectada.

¿Cómo se produce una distensión muscular?

Los desgarros o distensiones musculares se deben a una sobrecarga dinámica; siendo la causa más típica una contracción violenta con estiramiento excesivo simultáneo. Es decir, se conjugan dos tensiones enfrentadas. Por un lado la extensión muscular, es decir, la tensión excéntrica, y por otro la contracción muscular, o tensión concéntrica.

Estas lesiones suelen aparecer con frecuencia en deportes con movimiento o acciones explosivas (fútbol, atletismo de velocidad…). Un cambio de ritmo brusco en la carrera, un golpeo al balón, una batida de salto, son movimientos en los que el músculo puede verse afectado con esta lesión.

 

6- Rotura del ligamento cruzado

Un ligamento es un conjunto de fibras de colágeno en forma de banda y cuya función es limitar el movimiento de la articulación para que no sobrepase los límites anatómicos y biomecánicos.

La estabilidad de la rodilla está asegurada por cuatro ligamentos: los ligamentos cruzados anterior y posterior y los ligamentos laterales interno y externo.

La lesión más importante es la del ligamento cruzado anterior (LCA), cuya función es evitar que la tibia se desplace hacia delante con respecto al fémur. Este ligamento consta de dos estructuras que se cruzan en el interior de la rodilla y se encargan de unir la tibia con el fémur proporcionando estabilidad en los movimientos de extensión y flexión.

Causas de una rotura de ligamentos cruzados

La lesión de los ligamentos cruzados está causada por un cambio brusco de dirección de la rodilla, una desaceleración exagerada o una contusión. Puede darse, por ejemplo, cuando se apoya mal la extremidad tras un salto o cuando se frena precipitadamente durante una carrera. La rotura del ligamento cruzado anterior es la más frecuente.

Este tipo de lesión es frecuente en deportistas que realizan deportes como el baloncesto, esquí, fútbol o ciclismo.

 

7- Fracturas por estrés

Se considera fractura a la falta de continuidad en una estructura ósea. En la mayoría de los casos, estas fracturas son consecuencia de acciones traumáticas. En el caso de las fracturas por estrés, el resultado viene dado por una reiteración prolongada y repetitiva de fuerzas o micro traumatismos de bajo impacto.

El tejido óseo se compone fundamentalmente de colágeno, un material visco elástico orgánico. Este material responde a las agresiones externas recomponiendo los daños producidos. Si las agresiones son demasiado consecutivas, los daños superan la capacidad reparadora de este material. Es entonces cuando se rompe el equilibrio destrucción-reparación, y se crea una fractura por estrés.

Mecanismo de lesión de una fractura por estrés

Este tipo de afectación se puede dividir en dos vertientes claramente diferenciadas dependiendo del origen de su producción.

Fracturas por debilidad

En este grupo se ajustan los modelos de lesión cuyo origen viene dado por deficiencias óseas inherentes. Pacientes con osteoporosis son proclives a presentar esta lesión debido a una pérdida en la densidad mineral del hueso; las mujeres, a consecuencia de anomalías en el proceso menstrual (oligomenorreas o amenorreas), y la tercera edad, también son más vulnerables por la misma causa. En niños, es frecuente encontrar fracturas por estrés asociadas a los cartílagos de crecimiento.

Fracturas por fatiga

Estas lesiones se producen en un hueso como resultado de una exagerada y continuada actividad muscular realizada de manera repetitiva. El incremento de actividad muscular hace que el hueso responda con un proceso de regeneración e incremento, pero hay una etapa transitoria de recarga ósea en la que el hueso es relativamente débil y vulnerable a este tipo de fracturas, debido al desequilibrio existente entre la resistencia ósea disminuida y el aumento de la fuerza y tono muscular.

Los grupos más predispuestos a padecer este tipo de fracturas son fundamentalmente los deportistas y personas de actividad física continua. Entre los deportistas existen factores comunes a la aparición de esta dolencia:

  • Incremento desordenado de la duración, intensidad o frecuencia de la actividad.

  • Inadecuado período de descanso entre los esfuerzos.

  • No respetar una etapa de adaptación gradual a las cargas tras una etapa sin actividad.

  • Cambios bruscos en la superficie de realización de la actividad (el paso de superficies blandas a más duras)

  • Alteraciones en los gestos técnicos deportivos.

 

8- Periostitis

La periostitis tibial se produce por la inflamación de la membrana que recubre el hueso de la tibia, el periostio, formado por dos capas: la externa, compuesta por tejido conectivo concentrado de tejido vascular, fibroso y resistente, encargado de nutrir y dar sensibilidad al hueso; y una segunda interna, encargada de renovar la estructura ósea.

La inflamación del periostio afecta al tercio anterior de la cara anterointerna de la tibia. En la mitad de los casos que se produce una periostitis, la lesión afecta a ambas piernas de manera simultánea.

¿Quién sufre la periostitis?

La aparición de la periostitis es común entre los deportistas enfocados a las carreras de velocidad o de resistencia. Profesionales o no, estos atletas cargan gran parte de su peso e impulso sobre las rodillas y la parte inferior de la pierna, generando un mayor esfuerzo y reiteración en esta zona locomotora del cuerpo.

Aunque es más frecuente entre los corredores de fondo o largas distancias, también puede darse entre la población que practica running en circuitos urbanos, parques o caminos agrarios.

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